Los estándares del 'fair play financiero'
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"El Barça de los LIOS: Neymar, Valdés y Thiago"La Costa del Sol está que arde. Y no solo por las altas temperaturas, sino por el alto voltaje que se respira en el seno del club malagueño. El propietario, el jeque Al-Thani, beatificado por la masa hasta hace apenas unos días, se ha convertido en el punto de mira de unos aficionados que ven como el proyecto ilusionante que les prometió está a punto de hacer aguas porque el capitán se baja del barco con el ánimo de venderlo a un grupo inversor.
Tras un año de ensueño en el que el equipo respondió clasificándose para la Champions, ahora resulta que las deudas acucian a un Málaga que, de no sanearlas, podría tener consecuencias irreversibles. Para ello, el club ya se ha puesto en marcha y ha decidido desprenderse de sus estrellas principales con el objetivo de obtener liquidez. El primero de ellos es Santi Cazorla. Sin lugar a dudas, el estandarte de una entidad que aspiraba a cosas importantes con este proyecto naciente pero que augura un futuro no muy exitoso. Dado que el Málaga todavía debe parte del dinero del fichaje de Cazorla al Villarreal, el jugador está a punto de firmar con el Arsenal en un acuerdo que rondaría los 18 millones de euros y que permitiría a la entidad de Martiricos saldar su deuda con el submarino amarillo. Sin embargo, y aunque sería un gran fondo de liquidez, no es suficiente. Según parece, el próximo en caer sería el propio entrenador, Manuel Pellegrini, a quien el club no le podría mantener la ficha que tiene hasta el momento. No obstante, el míster no pondría trabas a su salida puesto que no le motiva continuar en un proyecto en el que sus figuras desaparecen de la plantilla.
Ante este oscuro panorama, la entidad ha decidido emitir un comunicado oficial donde el eufemismo cobra un protagonismo absoluto. Con el propósito de apaciguar la ira de los aficionados, en dicho escrito sobresalta una frase cuanto menos curiosa: “El Málaga Club de Fútbol ha comenzado un proceso de reestructuración interno en el seno de la entidad para adaptarse a los estándares del Fair Play financiero”.
Da que pensar cómo en todas las esferas de nuestra sociedad la mentira siempre se intenta maquillar, pero es que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y es que por mucho que quieran convencernos de una adaptación a los estándares del fair play financiero, lo cierto detrás de esta perífrasis es que el Málaga está pasando por un momento crucial en el que cualquier decisión será determinante para el futuro de la entidad. Prolongar las deudas podría acuchillar definitivamente al club a medio plazo, pero sanearlas comporta decir adiós a sus estrellas y, por ende, a su proyecto europeo.
Hace exactamente un año las colas en las taquillas de la Rosaleda eran eternas porque centenares de aficionados querían un abono de temporada para ver a un Málaga que no habían visto nunca; un Málaga de Champions con jugadores top que vestirían los colores de una camiseta humilde. No obstante, un año después la desilusión y el desengaño vuelven a extenderse a unos hinchas que ya se imaginaban a Ribéry, Van Persie o Ibrahimovic por el sud de España.
Del mismo modo que pasó con la burbuja inmobiliaria, el fútbol actual está viviendo una etapa de inflación desmesurada que algún día, tarde o temprano, acabará por petar. El deporte rey se está elevando a una categoría inasumible a nivel económico y vive en una realidad paralela a la del resto de mortales. Es ilógico y hasta impresentable que un jugador cobre 14 millones netos por temporada o que por un central se pidan 40 'kilos'. Y sino que se lo pregunten al propio Málaga, que a día de hoy ha acabado comprendiendo que no es oro todo lo que reluce, que el dinero se acaba aunque provenga de los petrodólares, y que quien mucho abarca poco aprieta. Que más vale un equipo humilde y saneado que se mantenga en Primera que no un proyecto-humo que al cabo de un año desaparece pero dejando unas secuelas que pueden resultar capitales para la permanencia del equipo en la élite del fútbol español.
