Crítica a Guardiola (con perdón)
Albert Gil Pérez
| 01/30/12 - 19:21 h.
Es verdad que el F.C.Barcelona está siendo castigado por decisiones arbitrales en la misma proporción que su eterno rival está siendo beneficiado. Es cierto que al rival se le está permitiendo una agresividad censurable en el terreno de juego y fuera de los mismos con una innoble y vegonzosa laxitud en la aplicación de los reglamentos disciplinarios y en la ausencia de incoación de expedientes de los distintos comités. También constatable que el rival se ha beneficiado con el triple de penaltis a favor, un dato indicativo de una tendencia ventajista. Pero hay más cosas.
El F.C.Barcelona ha dejado fuera de casa trece puntos en el camino. Bien es verdad que cinco de estos puntos fueron con la participación decisiva de arbitrajes nefandos, pero en otras ocasiones los blaugranas pudieron superar este trato desigual sobreponiéndose a adversidades.
Tras trece trofeos ganados sobre dieciséis disputados en la era Guardiola, alguien teme que pueda llegar la complacencia que distrae de la tensión necesaria para competir al alto nivel, máxime cuando se han ganado los tres campeonatos de la regularidad, es decir, la liga. La reiteración de triunfos puede ocasionar cierto empacho mental. La primera vuelta de algunos jugadores ha quedado por debajo de su nivel óptimo.
El fichaje de Cesc Fàbregas fue prioritario para Guardiola (también Alexis Sánchez) a un costo muy elevado para las arcas del Club. La corta preparación y las lesiones permitió de entrada la habitual presencia del arenyense en el equipo titular destacando por sus goles y por la particular sincronía con Messi, recuperada de etapas juveniles compartidas.
El equipo base campeón de Europa y del Mundo, está formado por once hombres internacionales con el mejor jugador del mundo, tres veces "Balón de Oro", más ocho campeones del mundo con España y los laterales Alves y Abidal. Mejorar este equipo base es misión casi imposible y los refuerzos ofrecen segundas alternativas.
Sin embargo, Pep Guardiola ha estado a la procura de habilitar un hueco en el "once" a su patrocinado Cesc (también campeón del mundo con España) y para ello no ha reparado en mutar tácticas y sistemas. La defensa de tres, da la impresión de que es una salida para habilitar al recuperado de Londres.
El equipo ha perdido automatismos y su juego de precisión ha decrecido. Cesc dista de tener el nivel técnico de Xavi, Messi. Iniesta o Busquets y su toque de pelota no es tan fino, por lo que para combinar con sus compañeros requiere más espacio. Tampoco se ha adaptado a los ritmos y pautas de las transiciones y precipita sus acciones en el juego directo. Es ideal como revulsivo, como jugador número "doce", pero en ese "once" ideal (con la permuta de Mascherano por Puyol) que maravilló en Wembley al mundo, no tiene cabida de inicio.
Los goles de Cesc al primer tercio de la temporada ganaron portadas, junto a la asociación con Messi como " falso 9" y ocultaron su dificultad de comprensión de un sistema de juego ganador. Ahora que el jugador sufre una natural sequía goleadora - los goles van por rachas - se patentiza más esa distorsión y pone más en entredicho el empecinamiento de Guardiola en erigirle como titular.
Creemos que, como interior, Thiago ofrece más prestaciones que Cesc pues técnicamente es muy superior y tácticamente más disciplinado. Sin embargo, en los últimos partidos está siendo claramente relegado. La adaptación de Cesc está costando y su entusiasmo y voluntad supera su rendimiento. Con él en el campo, el equipo parece más desordenado y descoordinado.
Uno que ya es veterano recuerda al equipo mítico de la temporada 74-75 que ganó la Liga (con el 0-5 en el Bernabéu). Todavía entonces las alineaciones se daban con el 3-2-5, Sadurní; Rifé, Torres, De la Cruz; Juan Carlos, Costas; Reixach, Asensi, Cruyff, Sotil y Marcial. Este equipo estaba llamado a abrir un ciclo victorioso. Sin embargo, Rinus Michels insistió en el fichaje de Neeskens. Llegó su compatriota y los primeros que no le comprendieron fueron los árbitros que le machacaron señalizándole faltas por "tackles" que en su país y en Europa validaban. El peruano Sotil ("mamá campeonamos") quedó apartado en espera de una nacionalización que llegó tarde para recuperar al jugador clave del año anterior.
Perdóneme Señor Guardiola, si este viejo estudioso del fútbol, ve paralelismos. Ambos jugadores eran de la nacionalidad de su entrenador que apostó fuerte por ellos. Los dos eran "llegadores" con buen disparo y remate de cabeza. También ambos vinieron a equipos triunfadores y formados cuya alineación estaba en la memoria colectiva del aficionado. Pero también ambos tienen ese punto anárquico que desestructura, esa explosividad que corta la pausa y, en ocasiones, anula pizarras.
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